Prometeo

 

Por Mario Sandoval

 

 

México cierre 2026: crecer poco también cuesta

 

México llegará al último tramo de 2026 sin una crisis económica convencional. No hay una inflación desbordada, el desempleo abierto sigue siendo reducido y el PIB incluso tuvo un repunte durante el segundo trimestre. Sin embargo, detrás de esos indicadores existe una economía formal sometida a una combinación mucho menos confortable: bajo crecimiento tendencial, inversión productiva insuficiente, productividad estancada, costos laborales crecientes, financiamiento caro y una impartición de justicia que continúa funcionando a una velocidad incompatible con la actividad empresarial.

 

Los datos ayudan a separar la realidad del discurso.

El PIB mexicano creció 2.1% anual durante el segundo trimestre de 2026, pero Banco de México mantiene para todo el año un intervalo de crecimiento de apenas 1.0 a 2.0%. La tasa de referencia permanece en 6.50%. No estamos ante una economía desplomándose, pero tampoco ante una economía capaz de crecer suficientemente para absorber sus necesidades de empleo, infraestructura, pensiones y gasto social.

 

La inflación general anual fue de 3.12% en julio y de 3.26% durante la primera quincena de agosto. Parece una buena noticia. El problema aparece al abrir el dato: la inflación subyacente todavía era de 3.95%, los servicios aumentaban 4.36%, los alimentos procesados, bebidas y tabaco 4.85%, y las colegiaturas casi 6%.

 

Para una empresa y para una familia asalariada, la inflación relevante no es solamente el índice agregado: es la que efectivamente enfrenta en servicios, alimentos, renta, educación, nómina y financiamiento.

 

Ahí se encuentra uno de los problemas para aproximadamente 40 millones de puestos remunerados que registra la economía mexicana y, particularmente, para los cerca de 23 millones de puestos inscritos al IMSS, núcleo claramente identificable del empleo formal privado.

 

Al cierre de julio había 22.76 millones de puestos registrados ante el IMSS. El salario base de cotización crecía 6.7% anual, bastante por encima de la inflación general. Es positivo para el trabajador, pero para que ese aumento salarial sea sostenible necesita venir acompañado de productividad. Y durante el primer trimestre de 2026 el índice global de productividad laboral cayó 0.1% trimestralmente.

 

Ese desacoplamiento importa. Una economía no puede aumentar indefinidamente salarios, prestaciones, vacaciones, aportaciones y costos regulatorios sin aumentar simultáneamente producción por hora trabajada, capital tecnológico y valor agregado. Cuando la productividad no acompaña, el costo termina apareciendo en alguna parte: precios, menor margen empresarial, reducción de contratación, informalidad o sustitución de trabajo por automatización.

 

La inversión: el rebote no debe engañarnos

La inversión fija bruta presentó en junio un crecimiento de 5.9% anual y de 1.3% mensual. Es un dato considerablemente mejor que los registrados anteriormente. Pero su composición vuelve a decir mucho más que el número agregado.

 

La construcción aumentó 8.8% anual y la maquinaria y equipo 2.5%. Sin embargo, la maquinaria y equipo de origen nacional cayó 3.4%. La maquinaria importada aumentó 6.2%.

México está comprando capital, pero continúa teniendo dificultades para construir suficiente capital productivo doméstico.

 

Y hay otro dato revelador. Entre las empresas encuestadas por Banco de México durante el primer trimestre, 64.3% utilizó financiamiento de proveedores, solamente 25% crédito de la banca comercial, apenas 1.1% banca de desarrollo y sólo 13.1% tomó nuevos créditos bancarios durante el trimestre.

 

Esto debería preocuparnos.

Cuando el principal financiador de una empresa mexicana es otra empresa mexicana, significa que buena parte del sistema productivo está financiando capital de trabajo mediante cuentas por cobrar. El riesgo crediticio simplemente cambia de bolsillo.

 

Los Méxicos económicos siguen separándose. El promedio nacional también esconde diferencias regionales enormes.

En el primer trimestre de 2026 Colima creció 4.0%, Baja California Sur 2.5% y Chiapas 1.9%. En contraste, Campeche cayó 5.2%, Coahuila 4.7%, Baja California 2.5%, Aguascalientes 1.7% y Chihuahua 1.0%. La Ciudad de México no presentó crecimiento anual.

 

Las cifras de empleo remunerado muestran otra geografía. Durante el primer trimestre, el número de puestos remunerados creció apenas 0.3% nacional, pero Hidalgo avanzó 3.3%, Estado de México 3%, Puebla 2.7%, Michoacán 2.5% y Nuevo León 1.1%.

No existe, por tanto, una sola economía mexicana.

Hay estados integrados a manufactura, logística, exportación, agricultura comercial, turismo o servicios especializados que dependen principalmente de inversión y demanda privada. Y existen entidades y municipios cuya actividad está mucho más ligada a participaciones, aportaciones, obra pública, transferencias y nómina gubernamental.

 

La dependencia fiscal municipal permite dimensionarlo: en 2024 los municipios mexicanos recibieron aproximadamente 490 mil millones de pesos entre participaciones y aportaciones federales, frente a alrededor de 104 mil millones obtenidos mediante impuestos municipales. Más del 70% de sus ingresos totales provenía solamente de esos dos grandes componentes federales.

 

Ese modelo produce economías regionales distintas. Una región que genera industria, agroexportación, turismo, logística o servicios empresariales puede crear actividad incluso cuando el gasto federal se desacelera. Una región cuyo consumo depende principalmente de transferencias, burocracia, contratación pública y obra gubernamental queda mucho más expuesta al presupuesto federal. Por ello debería hablarse cada vez menos del “crecimiento de México” y más de los distintos Méxicos económicos.

 

Justicia: una variable económica que seguimos tratando como jurídica. Existe además otro costo que prácticamente nunca aparece en los pronósticos del PIB: el Poder Judicial.

Durante 2024 ingresaron 2 millones 205 mil 864 asuntos a los órganos jurisdiccionales de primera instancia de los poderes judiciales estatales. Sólo 1 millón 403 mil 597 fueron determinados o concluidos durante el mismo periodo. Naturalmente no todos corresponden al mismo año de ingreso, pero la diferencia muestra la dimensión de la carga institucional.

 

En la Ciudad de México ingresaron 240 mil asuntos y se determinaron o concluyeron apenas 76 mil 257. Guanajuato, por contraste, reportó 174 mil 439 ingresos y 171 mil 420 conclusiones. La eficiencia judicial también tiene geografía.

 

El problema continúa en la justicia federal. Los Tribunales Colegiados de Circuito recibieron 428 mil 572 asuntos en 2024 y egresaron 387 mil 798. Los Juzgados de Distrito recibieron 640 mil 161 amparos indirectos y egresaron 597 mil 068. En procesos civiles y administrativos federales ingresaron más de 810 mil asuntos. Incluso la Suprema Corte recibió 16 mil 370 asuntos y resolvió 13 mil 979.

 

No se trata simplemente de expedientes.

Detrás de cada juicio mercantil que tarda años existe capital inmovilizado. Detrás de una hipoteca que no puede ejecutarse existe crédito que alguien dejará de otorgar. Detrás de una sentencia que se vuelve prácticamente interminable de ejecutar aparece una pérdida que terminará incorporándose a la tasa de interés del siguiente acreditado.

 

El World Justice Project colocó a México en 2025 en el lugar 121 de 143 países en Estado de Derecho y 28 de 32 en América Latina y el Caribe. Un país no puede aspirar simultáneamente a crédito abundante, barato y de largo plazo mientras la recuperación judicial de las garantías sea cara, incierta y lenta.

 

Y existe una consecuencia social todavía más delicada.

Cuando una persona llega a la conclusión de que acudir ante un tribunal significará cinco, ocho o diez años de litigio, gastos permanentes y resultados inciertos, aparecen incentivos para buscar soluciones fuera de las instituciones: presión extrajudicial, abuso, despojo, amenazas o directamente violencia.

Eso no justifica nunca la violencia. Explica por qué la justicia lenta no es neutral: destruye el incentivo para utilizar las instituciones.

 

Crédito: crecer por crecer es también una mala estrategia. El sector financiero debería leer estas diferencias regionales con mucho mayor cuidado.

Durante años se confundió cobertura nacional con capacidad nacional para prestar.

No son lo mismo.

La banca múltiple tenía presencia física apenas en 912 municipios, frente a 1,563 sin sucursales bancarias, según información de infraestructura financiera. La expansión territorial de otros canales ha aumentado considerablemente la cobertura, pero buena parte de ella proviene de la dispersión de recursos de programas  sociales (Banco del Bienestar). En municipios de menos de 15 mil habitantes, 68% tiene alguna sucursal de Banco del Bienestar con servicios muy limitados pero sólo 11% presencia de banca múltiple.

 

Para bancos, SOFOMES, SOFIPOS y fintech el futuro no debería consistir simplemente en colocar más. Debe consistir en conocer mejor dónde colocan.

Tijuana no es Tuxtla Gutiérrez. Monterrey no es Acapulco. Querétaro no es Villahermosa. Los Cabos no es Tehuacán.

Cambian ingresos, informalidad, ciclos agrícolas, turismo, manufactura, exportaciones, concentración patronal, precios inmobiliarios y, sobre todo, capacidad real de cobranza.

 

La cartera se conoce verdaderamente después de 24, 36 o 60 meses, no durante la originación.

Ahí se revela si hubo análisis crediticio o sólo entusiasmo comercial.

La expansión financiera regional responsable requiere oficinas que conozcan el mercado, ejecutivos que permanezcan suficiente tiempo para entenderlo, información local, valuadores serios, abogados de recuperación, mecanismos extrajudiciales profesionales y capacidad efectiva para ejecutar garantías.De otra manera, el crecimiento de cartera solamente pospone la identificación de la pérdida.

 

El reto de 2027. México puede cerrar 2026 creciendo alrededor de 1.5%, con inflación relativamente controlada y sin una crisis visible.

Pero eso no significa que la economía esté sana.

El verdadero problema es cuánto estamos invirtiendo, cuánto producimos por hora trabajada, cuántas empresas formales nuevas logramos crear, cuánto crédito productivo llega a las regiones y cuánto tarda un acreedor o empresario en hacer valer un contrato.

 

Una economía moderna necesita cuatro infraestructuras al mismo tiempo: capital, trabajadores productivos, financiamiento y justicia.

México tiene trabajadores.

Tiene capital.

Tiene una frontera de más de tres mil kilómetros con la mayor economía del mundo y acceso privilegiado al mercado norteamericano.

Lo que todavía no consigue es conectar esas ventajas con suficiente inversión productiva, certidumbre jurídica y desarrollo regional.

Ese será el verdadero examen económico de 2027.

No cuánto dinero gastó el gobierno.

Sino cuánto valor nuevo fue capaz de producir México.

 

Fuentes: Banco de México, INEGI, WPJ.

 

X: @MarioSanFisan

 

Mario Sandoval

PROMETEO ( previsión/prospección)

CEO FISAN SOFOM ENR

www.fisan.com.mx

Banquero a nivel Directivo con más de 30 años de experiencia de negocios.